Kumou Sorαmαru

sinister-rp:

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[AU: Cita a ciegas]

xtalesofnobody:

Estaba por rendirse o algo así. Se suponía que estaba buscando el valor de algún maldito lugar de su ser pero no estaba encontrando nada parecido en ningún resquicio. No es que fuera un tipo cobarde pero su timidez le ganaba en ese tipo de situaciones. No quería hacer el ridículo, además, ¿y sus amigos le habían gastado una broma? Suspiró pesadamente y se fijo en las chicas que allí había y estaban solas porque su cita a ciegas iba a ser una chica, ¿no…? Bueno, no es que tuviera problema con los chicos pero no recordaba que le hubiera mencionado a sus compañeros de piso nunca sobre su bisexualidad así que su suposición primigenia era esa. Que su cita a ciegas era una mujer. 

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Salió de su error en cuanto escuchó los gritos. Giró bruscamente su rostro en dirección al lugar del que provenía el sonido de aquella voz estridente y arqueó mucho sus cejas pues el tipo que se presentaba ante él era extraño. No podía describirlo de otro modo. Con aquellos ojos rojos y aquel pelo blanco lo primero que le vino a la mente fue “eso no puede ser natural”, lo siguiente fue “¡por el amor de los dioses, que alguien le calle!" y es que su rostro se tiñó de un fuerte color rojizo al escucharle decir todas aquellas palabras. ¡No era necesario que todo el maldito café se enterase de que había ido a tener una cita a ciegas! Avanzó sumamente avergonzado hasta el lugar en el que se encontraba, ruborizándose cada vez más al escuchar la risita de alguna que otra muchacha.

Uhm, eh… hola —murmuró, sentándose frente al albino. Dado la vergüenza que estaba experimentando en esos momentos incluso se olvido de la curiosa apariencia de su cita—. Me llamo Ethan, uh… ¿mucho gusto en conocerte…? —realmente era un completo inepto en esas cosas. Oh, jodidos dioses, ¿por qué habían tenido que meterle en aquel entuerto? No sabía de que cojones hablar con aquel tipo. No le conocía de nada. No sabía sus gustos ni… ¡Nada! No conseguía encontrar en su mente un tema de conversación que iniciar ni siquiera estaba seguro de saber como iniciarlo. Abrió la boca pero luego la volvió a cerrar, como un pez fuera del agua. Además, le parecía feo increparle por el hecho de que no hacía falta que gritara de esa forma para llamar su atención. Estaba seguro de que el otro no lo había hecho con tal de molestarle.

O eso esperaba.

Definitivamente no era su día de suerte.

El chiquillo parecía ser tímido, todo lo contrario a su persona así es que pensó que eso iba a ser muy, muy divertido. Meterse con gente tímida era un reto pues debía sacarlos de su zona de confort para poder socializar con dichas personas. — ¡Hallo! Me llamo Gilbert. Eres mi cita a ciegas ¿Verdad? — Preguntó, entusiasmado. — Normalmente no soy puntual pero estaba emocionado por esto kesesese. — Rió de esa forma tan extraña en la que solía hacer y entonces, se puso de pie.

Iré a ordenar algo, muero de sed ¿Qué quieres que te pida, chaparrito? — Él por su parte pidió un genial frappuccino de galleta oreo y lo que el chico quería, además de un muffin de moras. Dijo sus respectivos nombres y se regresó a sentar. Una vez con el chicho, realmente no tenía idea de qué decir y además, preferiría estar en un bar con… cerveza. La cerveza siempre servía para romper el hielo pero bueno, tampoco era lo ideal para una primera cita.

Vamos a conocernos un poco ¿Ja? Soy alemán, el mayor de dos, aunque mi hermano menor parece un gigante a mi lado. Me gusta la cerveza, mirarme al espejo, escribir en mi blog, dormir, escuchar rock, cantar aunque mi hermano siempre me manda a callar cuando lo hago, jugar videojuegos, la cerveza y los gatos.

Iba a seguir alardeando sobre cuanto se amaba a sí mismo y a la cerveza pero solo por esta vez, decidió ser considerado y darle oportunidad al otro de hablar también, después de todo una cita consistía de dos personas y aunque su ego ocupara casi toda la habitación tampoco era la clase de persona que es grosera, solo con sus amigos y con quienes se llevaba mal abiertamente. — Pareces bastante nervioso ¿Es tu primera cita a ciegas? Porque es la mía, aunque yo estaba emocionado.

Aldo reto para Clarence de parte de Meg <3 (?)

worldxdreams:

                                          :: xshutdowntown ::

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9. Demuestra tus ‘habilidades orales’ con un plátano.

——{}; Con cierta curiosidad dejó que sus ojos miraran con detenimiento esa fruta que ahora sostenía firmemente frente a su rostro. Meg a veces le traía no sólo postres que robaba de la cocina de ese manicomio, si no también juegos y frutas bonitas como ese plátano. No cabía dudas que tenía una amable e interesante cuidadora que hacía acelerar su corazón por momentos, todo por culpa de la emoción al pensar con que cosa nueva podría venir de la nada. En el estado en que estaba, era casi como un niño que aun estaba aprendiendo del mundo. 

—Es un lindo amarillo, como el de las abejas, ¿verdad? —Mencionó a la demonio, antes de quitar lentamente la cascara de la fruta, la que no dudo en acercar a sus labios con lentitud y…

—Hola, soy Castiel. ¿Puedes oírme? —¿Las bananas escuchaban acaso? Pues si Meg dijo que usara sus habilidades orales con lo que acababa de entregarle, probablemente sí. No dudaría en lo que esta le dijera. 

—¿Eres tímido? Yo también lo soy a veces, especialmente con la cocinera del lugar, ¿a qué asusta no? —Y así es como un acto que perfectamente puede resultar atractivo a ojos de alguien, terminó volviéndose algo totalmente bizarro por el mal procesamiento del ángel del señor.  

I’m so done.

[Demon Nurse]

worldxdreams:

xshutdowntown:

Luego de un tiempo cuidando a aquel ángel con el cacahuete descompuesto, todo eso se había convertido en una costumbre, siquiera le molestaba pasar el tiempo con él y lo había dejado de ver como una clase de responsabilidad, simplemente… Pasaban el tiempo lo más lejos posible de los problemas, de otros ángeles y demonios. No es como si Castiel ahora fuera de mucha utilidad pero en definitiva tenía ciento algo que no dejaba de entretenerla.

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Lo sé, Clarence. Por eso es que lo traje, come un poco ahora o las moscas lo harán por ti. — ¿Quién diría que dejar de causar desastres le resultaría tan cómodo? Iba completamente contra su naturaleza, pero ciertamente no se quejaba. — Cuando termines podemos ir al patio, pusieron unas bancas y una fuente nuevas, estoy segura de que te gustará.

——{}; Ante esa simple advertencia el ángel tomó con más firmeza el cubierto, pensando que en verdad no deseaba compartir por ahora su comida con esos pequeños seres alados. Comprendía que debían tener hambre, pero el pay de fresa era algo que pocas veces dejaban en su bandeja. Luego se encargaría de disculparse con los pequeños de seis patas.

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—Vale —respondió, sacando una porción de forma algo torpe. ¿Y si comía con las manos? Uno de los del lugar aseguraba que todo sabía mejor si se comía con las manos, y si lo evaluaba con detenimiento era imposible que mintiera.

Siempre dicen que los locos no mienten. 

Levantó una de sus extremidades, con la clara intención de usar su palma como tenedor improvisado, no sin antes responder a su cuidadora— Quiero ir. Espero que hayan abejas también cerca de la fuente de agua. 

Las hay. — Afirmó, haciendo ese gesto tan suyo de mover suavemente las cejas hacia arriba y sonreír dejando que sus pronunciados pómulos se mostraran, hasta que sus ojos se dirigieron a la mano del otro que obviamente mostraba sus intenciones. No quería tener que llevarlo a asearse después pues incluso siendo su cuidadora, a veces resultaba tedioso, era como cuidar a un bebé, un bebé que sabía mover muy bien los muebles del lugar cuando quería.

Dame eso.— Le regañó, aunque no fue tan agresiva como podría haber sido, simplemente tomó el plato y el cubierto sentándose al lado del otro. Cortó un pequeño pedazo con el costado del tenedor y tomándolo con el cubierto, lo dirigió a la boca del otro. — Diría que deberías alimentarte bien, pero realmente no tienes necesidad de comer ¿No es así, Clarence? Igual nunca está de más tener un pequeño postre.

Se preguntaba ¿Cómo sería el sujeto que era el envase de Castiel? Jimmy Novak, alguna vez Cas se lo había mencionado, ese pobre sujeto realmente las tenía negras. — Dime cariño ¿Hay algo más que quieras comer o hacer? — nunca estaba de más ser complaciente con su mascota favorita ¿Verdad?

[Estrellas]

//Continuación de este rol [ demisesnotes/ moonstheory] //

Eso significaba entonces que podrían ir, era una luz verde para él por lo que inmediatamente y como si tuviera un resorte en la espalda, Tay se puso de pie. — ¡Bien! Tenemos que caminar en silencio, sígueme. — Le indicó, con su típica sonrisa alegre y despreocupada. Muchos no comprenderían cómo alguien que pasa sus días en una casa de locos puede parecer tan despreocupado y feliz, pero es porque probablemente no recuerdan que si está ahí es por algo.

Porque pertenece a esos lunáticos que como tumores, fueron extraídos del mundo esperando así mantener la calma y comodidad del mismo. Tay esperó por Matt en el umbral de la puerta y seguido, tomó su mano con suavidad para guiarle por los pasillos de Claymore. Otra de las razones por las cuales Taylor conocía bien casi cada pasillo del hospital era por su área de estudios.

Había que recordar que el chico estuvo a punto de graduarse con muy buenas notas como un arquitecto y varias veces en sus presentaciones, había tenido que dar una hojeada a los planos de los edificios gubernamentales, y aunque jamás había tomado como presentación el hospital, había memorizado bien cada centímetro de lo que los planos mostraban del lugar. Caminando por el almacén hasta llegar a un enorme casillero, Tay se detuvo, sonriendo y extendiendo los brazos.

¡Ta da!— No había nada, pero no todo era lo que parecía, así es que girón hasta llegar a una de las esquinas de aquel enorme objeto metálico para poder moverlo un poco. El mismo estaba cubriendo una puerta que yacía sin cerrojo que mostraba señales de no haber sido profanada en mucho tiempo debido al óxido, polvo y telarañas. — Bueno ¿Qué estás esperando? ¿Quieres ver las estrellas o no? — Hacía tanto que esa puerta no se abría, desde el incidente del pobre diablo que se había lanzado de la azotea.

ft. the Monkey

monokurobitterness:

¡¡¿Qué?!! Hacer la cena…¿yo? —era dificil discernir la expresión de asombro en sus sombríos ojos, siendo sólo los otros rasgos de su rostro su mejor carta a jugar, como la forma en que se curvaban sus labios o el inflar sus mejillas— Pe-pero… yo no sé cocinar. A-además, seguro me aventarás la comida a la cara si no te gusta —lo había hecho de nuevo, volvía a quejarse pero, ciertamente, era más bien una sugerencia y advertencia. Si Murdoc no era feliz, eso refería que Stu no la tendría fácil… y el bajista tenía sus caprichos.

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Entonces…¿nos mudaremos? Pensé que esta vez sería la casa definitiva. Los demás parecen muy cómodos ahí cuando no estamos de gira —comentó una vez más el peliazul, manteniendo una prudente distancia entre el y Murdoc, ya que cuando las cosas no se hacían en el instante que pedía, o cuando tenía que caminar mucho para llegar a la tienda, justo como en ese momento, su de por sí humor de los mil demonios, se elevaba a la ‘n’ potencia. Y claro, quien llevaba las de perder era él. —No está muy lejos ya. Sólo debemos doblar la esquina y caminar dos cuadras más.

Entonces lo mejor es que me guste ¿No, cariño? — Murdoc sonrió de medio lado con aquellos dientes amarillosos y algo chuecos, tomando el mentón de Stu y haciendo que moviera suavemente la cabeza de un lado a otro terminando por darle un par de palmaditas en la mejilla.

El otro quería que Noodles dejara de cocinar ¿No? Entonces debía hacerse responsable del vacío que eso iba a representar en la cocina y en sus estómagos y no, no cocinaba ella por ser mujer. La razón por lo que lo hacía era por sus conocimientos en una dieta balanceada, porque tenía buena sazón y porque los otros tres (sí, eso incluía al mismo Murdoc) parecían cocinar con los ojos cerrados, quemando la comida, dejándola con un sabor asqueroso y accidentados, con los dedos quemados y las manos llenas de cortaduras por el cuchillo y lo torpes que eran.

El ser un buen músico no significaba que tus manos fueran útiles para todo. Mientras aquel pequeño debate que de todas formas el bajista terminaría ganando, llegaron hasta la tienda, Murdoc señaló un carrito para que su mandadero… bueno, Stu lo tomara y fuera con él empujando el mismo. — Entonces ya que eres el nuevo chef, elige primero qué cenaremos esta noche. Y no te preocupes con lo de la casa,  buscaremos otra, una más grande y mejor, con sótano.

[Con una paciencia de oro.]

xinvisiblemoments:

»ϟ«: Ver la alegría en el rostro ajeno le hacía feliz y aún no podía creer cómo fue posible que él, Haruka Nanase, no quisiera comer caballa. Cosas de la vida, ¿No? Tal vez tener amigos como el castaño a su lado le ayudaba a ver el mundo de otra manera. Al menos se alegró al oír por parte del contrario que conocía un buen lugar para comer. 

¿Salir con los demás?.— sabía que Makoto no se refería a cuando se reunían por alguna competencia o entrenamiento debido al club, así que le pareció una idea ¿Extraña?. Bueno, no podía decirlo, nunca antes había sucedido algo así, pero sí su amigo lo comentaba, de seguro no sería algo malo.

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Asintió levemente, mirando la sonrisa en forma de respuesta de su compañero y al poco tiempo después llegaron a la estación. Siguió los pasos del joven cuyos orbes eran verdes sin decir alguna palabra. Recientemente tenía la mente en las nubes y anhelada que su compañero no se diera cuenta, sin embargo eso pasaría tarde o temprano debido a la excelente atención del más alto.

Una mano lo bajó de la nube voladora, dándose cuenta que el destino final estaba frente sus ojos. Entró a paso lento, mantiéndose siempre detrás del otro nadador. La decoración era perfecta; los colores eran escalas del rojo y naranjo, combinándolos con el azul o verde, tenía varios cuadros y floreros con lindos diseños.

Debería salir más seguido de casa.

Salir entre todos sería divertido seguramente y ayudaría a Haru a ser un poco más social y de paso, a Rei le ayudaría a relacionarse más con ellos, aunque estaba feliz de ver lo bien que la pasaba con Nagisa, pero para él, Iwatobi era más que un equipo, era su familia y por ello, cual mamá gallina quería cubrirlos a todos bajo sus alas, mantenerlos a salvo y tibios, hacerlos sentir cómodos.

El lugar era precioso y pronto, encontraron una mesa solo para ellos dos al lado de la ventana. De esa manera podían ver el pequeño parque que se desplegaba a lo largo de la calle con algunas hojas y florecillas cayendo de los árboles y flotando con el viento. La vista era perfecta. Makoto ordenó pues su plato y algo de beber, esperó a que Haru hiciera su pedido y se acomodó de forma más relajada.

Era increíble salir con el otro, era increíble poder sacarlo de casa sin tener más problemas y aún más el que pudieran comer juntos algo que no fuera caballa. Detalles como esos hacían que la sonrisa de Makoto se volviera aún más cálida pues sin querer sentirse el importante, se daba cuenta que esos detalles raras veces los tenía el pelinegro y por eso, se sentía muy afortunado y especial.

Mientras la mesera se retiraba con sus órdenes y regresaba a dejar mientras tanto las bebidas, Makoto se hizo hacia adelante en la mesa, cambiando por unos instantes su sonrisa a una expresión de preocupación casi maternal. — La verdad es que no quería preguntarlo antes Haru, pero ¿Estás bien? Pareces algo distraído. —  

Es decir, más distraído de lo normal. Evidentemente el castaño se daría cuenta, le conocía desde niños, era su mejor amigo y siempre estaba cuidando de él, ya era como un sexto sentido el darse cuenta si algo no estaba bien con Haru y había tomado como tarea personal el cuidar de él todo el tiempo que la vida se lo permitiera. 

ヒナの恋 | nakanaiide

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