[Crystalline]

lasmusasnomequieren:

Ok, ¿y ahora qué le diría? Encontrar su mirada sólo añadió más inquietud a sus turbulentos pensamientos, y por la pronta reacción de Clear tras preguntar, estaba casi seguro de que había adivinado algo. SHIT, SE HABÍA DADO CUENTA. Maldito su poco autocontrol y su poca flexibilidad para evadir esas situaciones, y lo peor es que todo eso lo había provocado él solito. Una lástima que esta vez no pudiera echarle las culpas a su otro yo, el cual, por cierto, esperaba que siguiera durmiendo durante mucho tiempo.

Por suerte su novio era comprensivo y dejó pasar el silencio cambiando de tema. Algo para beber, bien. No tenía sed pero haría lo que fuera con tal de centrar su atención en otra cosa y refrescarse. Que otra solución sería despojarse de tanta ropa, PARA AMBOS, aunque por alguna razón esa magnífica idea no entraba en los planes de ninguno de los dos. Puede que incluso no fuera buena idea teniendo en cuenta lo tenso que estaba el ambiente.

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Ah… Claro, como quieras. ¿Qué te apetece?

Había máquinas expendedoras en cada calle, así que sólo era cuestión de elegir una que tuviera refrescos al gusto de ambos.

Quizá todo sería un poco más llevadero si se quitaba la bata, sí, eso estaría bien, así es que mientras Aoba buscaba una máquina expendedora, el androide se sacó la bata y se la echó al hombro e igualmente, se sacó la bufanda, quedando así solo con la camisa blanca que usaba debajo, con las mangas a mitad del antebrazo.

El peliblanco se acercó un poco a Aoba sintiéndose más ligero y refrescado, señalando una lata de jugo de manzana. — Quiero ese. ¿Cuál vas a querer tú, Aoba-san? — Quizá si solo ignoraba esa sensación de ansiedad y dejaba de pensar en cochinadas, podrían evitar todo eso hasta la noche cuando regresaran a casa y por ahora, ir directo al acuario. Sin embargo el solo voltear a ver el otro o en ese momento, ahí inclinado para ver bien las latas de jugo o refresco, bueno… Era difícil no echar una mirada a la retaguardia del peliazul.

Clear carraspeó un poco y se hizo hacia atrás para sacar de sus bolsillos del pantalón, una billetera vieja y con pedacitos rotos que de hecho no contenía mucho, pero sí algunos billetes y monedas que había ganado ayudando a los viejecitos o cosas así. Puso un billete en la máquina suficiente para comprar sus dos bebidas y seleccionó lo que sería la suya, cuando el otro eligió una, presionó el botón indicado y ambas bebidas salieron. Tomó su lata de jugo, la agitó un poco y la abrió para beberla, relamiéndose los labios luego que el fresco líquido entrara a su boca y le refrescara.

Ahh… Me siento un poco mejor ahora. — Murmuró, más para sí mismo que para su interlocutor. Quizá eso sería suficiente para hacer que su calor bajara un poco, si es que Aoba no le dedicaba esas miraditas una vez más.

The Lion of the North and the hidden Dragon.

dragonsletter:

Sigfried mantuvo el silencio, el frío silencio que se volvía su aliado estratégico a la hora de no saber como reaccionar ante tan cariñoso y peculiar gesto. Tuvo la tentación de morderle el dedo y mostrarle de una manera ilustrativa que los juegos no iban con él, pero James había sido tan listo como para detener el roce.

El albino suspiro de manera cansada ante el discurso del contrario y rodó los ojos, siempre manteniendo los labios cerrados. Conocía lo suficiente a James como para saber que tarde o temprano su petición sería aceptada, después de todo para un Lannister la familia era lo primero, lo segundo y lo último.

— Gracias. — Asintió levemente con la cabeza mientras se levantaba del gran sillón y se acercaba al rubio, sus pasos eran tan ligeros como los de un fantasma. — Una vez que entras al Juego de Tronos es imposible salir de el. Deja que ellos se maten entre si y disfruta tu título como señor de Winterfell. —

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Rodó los ojos mientras volvía a suspirar, quizás una forma más directa sirviese para quitar las ideas retorcidas que tenía en la cabeza el rubio.

— No quiero verte morir ¿Lo entiendes?—

James escuchó con cuidado lo que su hermano decía, inclinando un poco la cabeza y sonriendo con gracia. ¿Es que realmente el otro era tan poco ambicioso? Parecía carecer de los pecados que abundaban en los que compartían el apellido Lannister, y aquello era lo que hacía de su hermano alguien aún más precioso. Parecía único en su clase, siempre con ese porte frío e indiferente, guardando seguramente un sinfín de emociones distintas en su interior, emociones que James estaba ansioso por explorar y de ser posible, traer a la superficie con él.

Deberías pensar en grande. ¿Por qué conformarme con Winterfell? Quizá tú estés cómodo aquí, pero yo anhelo mucho más. En King’s Landing cuando menos los rayos del sol tocan las rocas de los castillos. Aquí solo hay frío.

— El rubio se giró hasta su hermano tomando entre sus dedos uno de sus mechones casi blanquecinos de cabello, acariciándolo con suavidad y dejando que cayera de entre sus falanges. — Aunque a ti el color blanco siempre te ha sentado bien, este clima frío hace que incluso tus mejillas y nariz se pinten de un muy lindo sonrojo. Supongo que es lo único bueno de este lugar. — Pues sería tonto de no apreciar esos ínfimos detalles. El más alto caminó hasta una silla que había ahí siendo ahora él quien tomó asiento, apoyando el codo en el brazo de la silla y seguidamente, apoyando en sus nudillos su mentón.

No pretendo morir, qué poca fe tienes en tu hermano mayor. Como bien lo has dicho, dejaré que se maten entre ellos y cuando el último quede en pie, yo entraré en acción. No soy tonto, hermano. Podría también enviar a algunas avecillas a hacer el trabajo sucio en secreto. ¿Sabes por qué hago todo esto? — Pausó. — Quiero más que una roca helada para ti. Si no quieres el Trono de Hierro, no importa, hay muchos otros tronos que podríamos ocupar juntos. Entre más poder y dinero tenga, más seguro estarás. Eso es lo que busco. — Y no mentía. ¿Quién estaba tan loco como para enfrentarse a Tywin Lannister?

Muy pocos lo habían intentado y habían muerto. Debía ser sigiloso como una serpiente y letal como un león. En Westeros, la única forma de mantenerte a salvo era siendo un Don Nadie, o siendo el poseedor de un gran reino y tener riquezas. El honor no sirve de nada, pues de ser así el buen Eddard Stark seguiría con vida, el poder y causar miedo es lo que realmente mantiene a salvo tu cuello. Era una lección difícil que con los años, James había aprendido y que todos los Lannister debían comprender tarde o temprano.

[Mute]

xfireflytales:

El tiempo que el rubio había estado lejos se había dado cuenta que la vida en ese hospital podía ser tan tranquila y aburrida que le llegaba a molestar. Había picado a otros enfermos en busca de reacciones similares a las del rubio, había intentado jugar ajedrez con el viejo que siempre desafiaba a su compañero de cuarto, había entablado conversación con unas enfermeras para conocer el estado de aquel que era su juguete preferido. Había hecho varias cosas con la excusa que simplemente buscaba pasar el tiempo.

Un tiempo que se volvía tedioso cuando ya no quedaban libros que leer. Y que releerlos era aún peor. Nunca le dejaban escoger sobre qué leer, decían que con su conducta podría sacar ideas macabras de las letras y colocar en peligro a los demás pacientes. Era una idiotez, pero si el doctor creía aquello, nadie le iba a desafiar.

Y entre una cosa y la otra, los días aburridos pasaron frente a sus ojos con angustiosa monotonía. Lentos, uno tras otro, hasta que un día que ni se había levantado…escuchó unos pasos arrastrándose hasta recostarse en la cama de un lado.

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— Suenas horrible.— Habló al escucharle toser ahogado unas cuantas veces. Un comentario estúpido que había tenido la misión de crear una conversación. Cada día el pelinegro se consideraba una de las escorias que tanto odiaba.—… No han pasado demasiadas cosas desde que fuiste a pasear al cuarto que odias. Al parecer el único que ha cambiado has sido tú.— Y con esas palabras salió de su cama para sentarse a orillas de la contraria.

Tay había vuelto, y con él la esperanza de no aburrirse más. Por fin podría jugar con la mente inestable del mayor, por fin podría reírse de alguien que sí parecía comprender lo que decía. Sin darse demasiada cuenta, el fastidiar al más alto se había vuelto su propia rutina.

…y eso lo volvía tan común como cualquiera. ¿Lo peor? Siempre lo había sabido.

El tiempo que había estado fuera había resultado una verdadera tortura y le habían regresado con los demás advirtiéndole que de hacer alguna estupidez nuevamente, lo mantendrían esta vez en aislamiento por un mes entero. Las suturas en sus muñecas daban escozor y comezón. Estaba consciente de qué pasaría si se le ocurría arrancarlas o algo, la herida se abriría y sangraría de nuevo, algo tan fácil como eso y la tortura terminaría si esta vez lo hacía ocultándose de todos.

La mera idea era tentadora, así podría acallar para siempre las voces que le torturaban y de alguna forma, ser libre. Pero en medio de sus pensamientos, la voz del pelinegro le hizo dar un respingo. Casi lo había olvidado con tanto ajetreo en su cabeza y dopado con tanto medicamento. La razón por la cual no trataba de hacer esa clase de cosas teniendo al menos uno o dos tornillos bien puestos en la cabeza era por Matt y el ataque que sus amigas voces, habían hecho por unos instantes que se olvidara de la existencia del pelinegro. Indispuesto a hablar con él (y de hecho, imposibilitado también) el rubio simplemente siguió dándole la espalda, aún cuando sintió el peso de Matt en el colchón de su cama.  

Se hizo ovillo, cubriéndose hasta los hombros con sus sábanas y apretó los labios, intercambiando de momento los papeles entre ellos dos, pues era ahora Tay quien trataba de ignorar la presencia de Matt actuando como si este no estuviera ahí. De todas formas ¿Qué podría decirle? No podía hablar y estaba seguro que Matt diría alguna cosa pseudo-intelectual y ególatra para echarle en cara lo común e idiota que había sido.

Susurros débiles pero persistentes resonaban en su cabeza haciendo eco, tan suaves como la brisa nocturna, y tan fugaces como algún pensamiento cualquiera, pero tan estruendosos para su psique como un relámpago, haciendo de su mente todo un caos. Eso, sumado al medicamento, le hacían reacio a cualquier clase de interacción con otros y eso, incluía al pelinegro, por más sorprendente que fuera.

Double Dweeb.

batmantequillademani:

  Continuó con su primer día, arregló todo lo que podía y saludó a su par de amigos y les contó con detalles qué había hecho, aunque no le escucharan la gran parte de las palabras, solo las que les importaban. También le contó lo que haría en la hora del almuerzo y el más bajo mostró duda y al mismo tiempo indiferencia. Omitió los dulces, tal vez les daría un puñal de éstos después de poner comerse una buena parte de la bolsa y diría que se los regaló el pelirrojo en el almuerzo. También se escondieron de las Cruel, que como siempre estaban locas de remate, aunque inevitablemente tuvieron que entrar a unas clases donde estaban ellas.

  Estaba realmente emocionado, pues habían nuevos profesores y un par de nuevas asignaturas como psicología. Entre una clase y otra Eddy le había dicho que se cuidara de los populares pues había escuchado que ese año empezarían a ridiculizar tontos desde el primer día, y muchas cosas de ese estilo, solo para meterle miedo. Finalmente el timbre sonó y el pelinegro dudó un poco de si sería cierto todo lo que su amigo le había dicho. Claro que era difícil decidir si creerle o o a un estafador de primera clase como lo era él. Se levantó con su libreta y plumero y se arriesgó a creer en Kevin y en que no le harían ninguna maldad.

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  No importaba que pasara la cafetería seguía igual que siempre, desordenada y sucia para su gusto. Comió un poco mientras conversaba con Jimmy y Sarah, ellos también tendrían algo que contar, y luego apresurado fue a la mesa más aterradora de todas, para cualquiera que no fuese ni una pizca alguien popular. A pocos metros de ésta su emoción comenzó a convertirse en nerviosismo y un poco de inseguridad ¿Sería cierto de que solo le buscó para molestarlo? ¿Estaba bien que se sentara allí? Caminó cada vez más lento y titubeante, tragó en seco y con las manos un tanto temblorosas hizo una seña de saludo.

  Muchos de ellos habían cambiado en algún aspecto, unos parecían más agradables, otros más brutos. Sonrió abiertamente cuando la rubia le observó, después de todo se llevaban bien. Tomó asiento al lado del chico con amigo de madera y los observó a todos, cuando todos volvieron la mirada a él, inclusive quienes no estaban en la mesa observaban curiosos— H-Hola… —. Empezó a hablar. A romper el hielo— Cuánto tiempo, ¿no? Que bueno es verlos de nuevo.¿Qué más le quedaba? Tendría que intentar parecer lo más relajado posible o no lograría encontrar ninguna historia.

En ese momento la tensión se pudo sentir, el ambiente era tan denso que podría cortarse con un cuchillo incluso y es que con el paso del tiempo, populares, extraños, raritos y… los Ed’s se habían vuelto grupos diferentes que usualmente no estaban juntos, ya no era como en la infancia cuando todos jugaban juntos o trataban de resolver alguna estupidez de Eddy.

Los chicos de la mesa voltearon a ver a Kevin, como si tratasen de preguntarle qué hacer o cómo comportarse por lo que el pelirrojo emitió un gruñido de molestia, tomando su manzana de la bandeja de comida y dándole una mordida. — ¿Qué me ven? — Reclamó. — ¿Qué hay, tonto?

Saludó al pelinegro y eso, pareció ser luz verde para que los demás hicieran lo mismo, era tan fastidiosa la situación. Rolf como siempre dijo algo bastante raro, un chiste que nadie pudo comprender que involucraba animales de corral y gallinas. A veces Kevin se preguntaba porqué ese pueblerino era uno de sus mejores amigos. Suspiró. — El ñoño tenía unas preguntas que hacerles, no sean unos imbéciles y contesten.

Ordenó, moviéndose en su asiento hasta acomodarse dándole la espalda a los demás. Era en verdad un fastidio todo aquello y eso le pasaba por tratar de ayudar al nerd con su estúpida nota para el periódico escolar. 

Koujaku... Ii yo.

painapple-milkshake:

xshutdowntown:

Luego de aquel enfrentamiento en la Torre Oval contra Ryuuhou, sencillamente no podía recordar nada más, salvo la voz de Aoba en su cabeza. Y ahí estaba, resonando una vez más. El cuerpo le dolía terriblemente y apenas podía moverse bien ¿Qué había pasado? ¿Había logrado eliminar a ese imbécil? ¿Y Aoba? ¡¿Aoba estaba bien?! El pensaren eso hizo que abriera los ojos de golpe y se enderezara, dándose cuenta de que estaba encerrado en una especie de calabozo, con las manos tras la espalda y las muñecas inmovilizadas por unas esposas metálicas pero cuadradas, tal como se usaban en la antigüedad. Así mismo estas estaban unidas a la pared con una cadena que le imposibilitaban el moverse bien. Recordaba apenas el haberle confesado sus sentimientos a Aoba, recordaba que escuchó una alarma, pero fuera de eso nada más. ¿Toue los había capturado? Poco a poco se movió hasta sentarse bien, jadeando un poco y mirando a los lados de esa sucia celda. — ¿Aoba?… ¿Dónde está Aoba? — Murmuró. — ¡¿Aoba?! ¡¿AOBA?! — Cada vez sus gritos eran más fuertes, hasta el punto en que la garganta comenzó a dolerle. El tiempo pasaba y no había nadie cerca, no sabía siquiera si había celdas a su lado, sencillamente nadie respondía.

Silencio.

Hasta que escuchó unos pasos dirigiéndose en su dirección. Rápidamente trató de ponerse de pie impulsando el cuerpo hacia adelante, apoyando los dedos de los pies en el piso y arrastrando su cuerpo con las rodillas. — ¡¿Dónde está Aoba?! ¡¿Qué le han hecho a Aoba!?

Desde el punto en que los colmillos de aquel animal en que su amado se había convertido se clavaban en su carne, hacia fuera brotaba la sangre, y por dentro el dolor se extendía por su cuerpo en oleadas al ritmo de cada latido. Era extasiante. Sonaban las cadenas que impedían al ahora pelirrojo abalanzarse sobre él, en un tintineo casi dulce y encantador. La idea de dejarlo libre era tentadora, no podía negarlo; lo que le quedaba de raciocinio en ese momento, lo que no había sido cegado por aquella tortura, estaba envenenado, e imaginaba con deleite el peso y el calor de aquellos músculos fibrosos sobre su cuerpo, siendo este despedazado como mera carroña.

Pero no.

No podía dejar que lo matara… todavía. Apenas había empezado. Quería alargar aquello mucho tiempo más. Todo lo que su cuerpo pudiera soportar.

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Tomó la cabeza ajena para poderlo apartar, aunque fuera con dificultad y seguramente perdiendo un pedazo de carne en ello, haciéndose hacia atrás, dejando su cuerpo fuera de su alcance. Aun así, se inclinó sobre él, besando sus labios, casi de una forma tierna, antes de recoger con su lengua la saliva y la sangre que se escapaba por sus comisuras.

En ese momento, la bestia roja que solía ser Koujaku solo actuaba por mero instinto y, la delicadeza no era parte de su persona ya. Ciertamente de dejarle en libertad satisfacerla sus más bajos instintos con aquel ente blanco y después, lo arrastraría con él a la perdición pedazo por pedazo haciendo que su cuerpo blanco y fantasmal se tiñera del hermoso carmín que ahora mismo le cubría a él.

Koujaku apartó el rostro de la curvatura del cuello del otro casi arrancándole el pedazo de carne, con la sangre de Aoba en sus labios y filosos colmillos. Tomó algo de aire abriendo sus fauces y gruñendo guturalmente hasta el instante en que aquel demente le besó. Realmente parecía estar disfrutando de cómo su cuerpo era lastimado por quien alguna vez le amó y en el fondo, donde su raciocinio yacía entre las sombras, aún le amaba.

La bestia apretó sus labios contra los del peliblanco de forma agresiva muy por el contrario de Aoba, tratando de atrapar la lengua del otro con la suya, relamiendo sus labios y dando unas cuantas mordidas al suave músculo ajeno que se paseaba cerca de sus labios ensalivados y ensangrentados.

Resultaba una verdadera molestia el no poder mover los brazos, estando así esposado a la pared y encadenado y aún sabiendo que no lograría nada al tratar de forzar el movimiento sus manos seguían jalando sus ataduras lastimándose las muñecas. — Urgh…— Gruñó una vez más, intentando incluso abalanzarse sobre el otro para tirarle contra el piso pero, fue imposible. Solo el sonido metálico de las cadenas resonó en aquella celda.

ourcrazyagus:

De repente el sonido del aparato le hizo reaccionar de su pequeña ensoñación, y sus ojos de repente miraron asustados hacia la pantalla que no marcaba…Nada. -¿Qué? No, no, no…- No podía ser posible, ¡El doctor le había dicho que iba a estar bien! Su corazón comenzó a latir con rapidez y desesperación.

…Cuando escuchó aquella voz con ese tono burlón y divertido, sus ojos temerosos pasaron a ser unos enfadados cuando se encontraron con el pelirrojo posando como si nada. Y era bien sabido que Jinx tenía un muy mal genio y por eso mismo la rabia no tardó en invadirle, aunque a diferencia de otras ocasiones, intentó mantener algo de calma.-…Eres el rey de los imbéciles, West.

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Tenía mucha suerte de que estuviera en esa condición en el hospital, porque en otro caso que Wally no tuviera la menor duda que le hubiera lanzado un rayo rosado para que lo tirara de la cama. Le había molestado tanto que ni siquiera le dio importancia a lo último que dijo sobre que los chicos se lanzarían sobre ella, quizás en el fondo era más un pequeño sentimiento de vergüenza ante el real miedo de perderlo.

Iba a seguir regañándolo y diciéndole lo idiota que había sido a su manera tan dulce de ser, pero aquello último la desconcertó, y luego un ligero rubor apareció en las mejillas de la pelirrosada, que desvió la mirada.- ..¿Y yo que voy a saber? Supongo que la tendrá el doctor…O tu madre. Tus padres se fueron hace unas horas…Te dejaron unos cupcakes.- Sí, sí, mejor cambiar de tema (?).-

¿Comida? — Con ello los ojos del velocista parecieron iluminarse, así es que casi de un salto se levantó de la cama, aún estaba algo mareado pero el suero que le habían puesto le había dado un poco de energía.

Sin embargo, al haberse levantado tan rápido, jaló con él la sonda del suero haciéndose algo de daño al haberse arrancado la ajuga de tajo. — ¡Auch! Aaaah eso dolió…— Pero en ese momento su hambre era más fuerte, así es que solo presionó un poco la gasa que cubría el área del dorso de su mano para evitar que sangrara o algo y avanzó arrastrando los pies hasta los cupcakes, sin darse cuenta que su bata estaba abierta de atrás como solía ser con las batas en los hospitales, solo unida con un par de nuditos pero dejando casi totalmente expuesta la parte de atrás, con el trasero al aire.

Tomó un cupcake y se giró para regresar a la camilla, dándole a la pelirosa la vista de su trasero. — Lmfento hafberte prefocupafdo. — Decía con la boca llena, mientras se sentaba en la camilla tratando de acomodarse. — ¿Entonces mis padres se fueron hace rato? Ahhh ¿Cuánto se supone que llevo aquí? Quiero irme a casa, el olor a hospital me enferma y no quiero que me claven más cosas. — Y principalmente, quería asaltar la nevera y comer como si no lo hubiera hecho en una semana completa.

Just for fun [Ángel/Demonio AU]

painapple-milkshake:

xshutdowntown:

Sabía que estaba mal, sabía que su Padre se enfadaría y ambos serían castigados con toda la ira de Dios, sin embargo Koujaku pecaba de algo más grande que la ambición de Sly y sus ganas de conocer el mundo humano y los placeres mundanos del mismo. Koujaku pecaba de amar más a ese sujeto de lo que amaba a Dios. El mayor entrecerró un poco los ojos y ladeó el rostro inclinando el mismo hacia la mano de su pareja. — Honestamente no, jamás he sentido curiosidad por este mundo pero… Si es lo que realmente quieres, te acompañaré. — Sin embargo había una condición para ello.

Te acompañaré si cuando tu curiosidad sea saciada, regresas conmigo. Si regresamos pueden otorgarnos el perdón, pero si decidimos quedarnos aquí, perderemos nuestra gracia. — Aunque no sabía porqué eso era importante, solo sabía que era su naturaleza, era parte de quién eran y Koujaku temía dejar de ser él. En ese momento estaba ocupando el cuerpo de un pobre desdichado que de todas formas tenía sus días contados, un enfermo que “milagrosamente” despertó de un coma de años y como si nada, se vistió y salió andando por la puerta.

Le había pedido permiso al individuo de entrar por medio de un sueño y ahora caminaba entre los humanos pero ¿Qué había del pobre diablo al que Sly había poseído? No era justo para él que su vida le fuera arrebatada solo por cumplir los caprichos de ese ángel rebelde. — Bien, hagamos esto… ¿A dónde quieres ir entonces..?— Murmuró en voz endulzada, acariciando una de las mejillas del otro y pasando hasta esa cabellera larga y azul que ahora poseía, dejando que entre sus dedos cubiertos de una que otra cicatriz, las hebras azules resbalaran con suavidad.

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Suspiró al escuchar las palabras del otro ángel. ¿Qué habría podido ver en él? ¿Por qué él, de todos, era el que hacía, metafóricamente, su corazón latir? Porque él no podía ser el único. Debía haber más de ellos que ansiaran tanto vivir como humanos que no les importaran las consecuencias, y eso era un gran deseo, teniendo en cuenta que a quien se estaban enfrentando era a Dios mismo. Y él, arrastrando consigo al ser que amaba.

Volveremos juntos cuando sea suficiente, y pediré perdón por mis actos. Tan solo necesito cumplir este deseo.

¿Era eso lo que se sentía al ser egoísta y embustero? Porque era algo sublime. No… Incluso aunque pensara volver, no pediría perdón por ello. ¿Qué sería mejor para él que el que lo expulsasen definitivamente del cielo? E incluso si acababan con su existencia, sería mejor que seguir viendo por la eternidad una vida que no podía vivir. Tampoco era del todo una mentira siquiera… ¿cuándo se saciaría su curiosidad? Uno nunca deja de aprender.

Hay un lugar en esta ciudad que me gustaría ver —rozó con los dedos el rostro ajeno—. Ven conmigo, Koujaku.

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Su voz aterciopelada no dejaba entrever sus intenciones. Había pasado un día aburrido solo para esperar al final de la tarde, cuando todos los pecadores comenzaban a reunirse en el peor barrio de la zona para embriagarse, tener sexo y pelear entre sí como bestias. Y ahí pretendía llevar a su pareja.

Y ahí estaba él, siendo la víctima de los engaños y embustes de su pareja, dispuesto incluso a recibir una reprimenda que no merecía, solo por complacer al peliazul en su deseo. Koujaku amaba a su Padre, de verdad lo hacía con todo el corazón y todas sus fuerzas, pero era una clase de amor muy diferente a lo que sentía con Sly.

Era una pregunta que solía hacerse con frecuencia y que incluso sus allegados en el Paraíso le hacían. ¿Por qué, de entre todos, había terminado eligiendo a alguien como Sly Blue de pareja?  Ese chico siempre había sido un alborotador rebelde y era de sorprender que Dios aún no lo hubiera sacado a patadas del cielo y enviado al infierno donde seguramente encajaría mejor.

Koujaku tampoco estaba seguro del porqué era ese chico al que amaba, pero tratar de averiguarlo no era su preocupación. Se sentía feliz a su lado y nadie hacía latir su figurado corazón como el de ojos ambarinos. Entonces ¿Qué más daba? El tacto del otro fue cálido en su rostro ¿Cómo podría negarse?

Koujaku entrecerró los ojos ladeando suavemente el rostro y asintió, condenándose a sí mismo a una reprimenda aún mayor y quizá a una vida humana o más, atrapado ahí en la Tierra, esperando a que su caprichosa pareja se sintiera conforme con todo lo aprendido de los humanos y sus vidas. — ¿A dónde quieres ir?— Cuestionó, guiado por la curiosidad.

celebrationgeneration:

Just posted a VERY in-depth cosplay tutorial on my main blog - how to make a lightweight, durable, and accurate Thranduil crown - around 50 photos involved!  Check it out:

http://www.celebrationgeneration.com/blog/2014/10/02/how-to-make-thranduils-elven-king-crown-costume-tutorial/


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#bw 

madnessinthishouse:

Aparece de la nada en sus hombros

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¡No soy una cobarde! Bueno no todo el tiempo

Y ahí estaba sobre de sus hombros. Gamagoori arrugó el ceño como solía hacer y emitiendo un grito gutural, trató de sacarse a la chica de encima-— ¡¿CÓMO DIABLOS HAS LLEGADO AHÍ?! — Exclamó.  Vaya, de tantas chicas en la Academia ¿Por qué había tenido que ser esa loca? — ¡Mankanshoku!— Le llamó una vez más.

Esta vez sin embargo, sus orejas se pusieron coloradas, bastante, y a lo lejos, una roca le golpeó la espalda. Eran sus amigos que trataban de animar a que hablara de una vez muy a su manera. — Quería saber si tienes… Algo que hacer esta tarde… —