[The luck of the irish.]

painapple-milkshake:

Bien, vale. Trató de respirar hondo y dejar pacíficamente al chico en tierra para escuchar lo que tenía que decir. Se arrepintió en ese momento de haberlo bajado, porque lo que dijo ni lo calmó ni lo alivió. Salir era lo que todo el mundo allá abajo quería, pero eso no significaba que simplemente pudiera hacerlo y ya. Él tenía un trabajo, y a pesar de ser prácticamente lo que vendría a ser un becario dentro del orden corporativo del infierno, y un demonio pésimo en lo que a desempeño se trataba, era un trabajo importante y no podía simplemente irse sin más, tampoco por el simple hecho de que un imbécil lo hubiera invocado y no supiera cómo echarlo de vuelta.

¿Qué problema tienes con mi calendario, pelirrojo? —gruñó. Hacía bastante tiempo ya que no importaba si fuera o no un chino que había vendido su alma al modo occidental, pero eso le había resultado sinceramente insultante—. No lo estás entendiendo bien —trató de volver a entrar en un modo diplomático y dibujar una sonrisa para hacer eso lo mejor posible—. Somos gente horada, ¿sabes? Demonios honrados. Es tu alma por un deseo, lo que quieras. Si quieres no volver a tener resaca jamás, puedo hacerlo. ¿Dinero, amantes? También puedo hacerlo. O cualquier sueño que tengas, puedo concedértelo y lo disfrutarás durante los mejores diez años de tu vida, ¿qué me dices?

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No hay deseo que puedas cumplir que valga mi alma y que me parezca justo disfrutar solo por diez años. ¿Qué clase de idiota crees que soy? ¡Eso es muy poco! — Y es que había que considerar así mismo, todo el tiempo que significaba “una eternidad” con tu alma condenada a quién-sabe-qué destino. Por lo que había leído y lo que había escuchado, el infierno no era un lugar bonito.

Sí, era cálido, pero eso no lo hacía bonito, no como una playa para relajarse, era más como un maldito horno a mil grados centígrados, un lugar donde tu piel se carbonizaba y los demonios hundían una y otra vez sus tridentes ardientes en las yagas de tu maltrecho, putrefacto y gusaniento cuerpo. Los pecadores eran quienes tenían asegurado un boleto de ira a aquel horrible lugar y él, no era ninguna blanca paloma.

Sabía lo que le esperaba al final del túnel y sabía que no sería agradable. Entonces ¿Por qué acelerar su legara a dicho sitio? Es decir, su habitación V.I.P seguiría donde mismo y donde mismo le estarían esperando, el infierno no se iría a ningún lado si tardaba más de 10 años en cruzar sus puertas. — Mira, aún no te creo nada eso de que seas un demonio, sé que Halloween está cerca pero no siquiera preguntaste si quería dulce o travesura, así es que no vale. Y aunque fueras un demonio, te digo de una vez que no te pienso dar ni un céntimo, así es que deberías dejar de perder tu tiempo e ir a buscar almas a otro lado. — Alegó, moviendo la mano en señal de que se fuera de una vez.

Ahora, solo quería tumbarse en su cama y levantar hasta el otro día en la noche para así omitir la resaca. No necesitaba desear no tenerla más, simplemente la evadiría durmiendo, le gustaba dormir, después de todo. En cuanto a amantes, dinero, cerveza… Bah, nada de eso le hacía ni haría falta.

Welcome /home/ {xshutdowntown}

painapple-milkshake:

xshutdowntown

El infierno no era un lugar agradable, por simple definición. Frío, lúgubre —lo cual no es algo malo para quien le gusten esas cosas— y aburrido. Eso sería lo peor de todo, el aburrimiento. Una eternidad de monotonía. Al principio sonaba divertido; qué bien, torturar almas humanas. Pero eso… eso era lo de siempre.

Hacía un tiempecito que se dedicaba a aquel trabajo secundario, contrabandista —por llamarlo de alguna manera, no había que meter nada de incógnito en el infierno, la mercancía se recibía con los brazos abiertos— freelance de emplumados seres celestiales. ¿Era una tarea peligrosa? Sin duda; pero un rato divertida, y desde luego bien pagada. Sin embargo, y debido a la demanda que había recibido, aunque no poco gustosamente, no había podido por desgracia probar por sí mismo un trozo del pastel. Hasta entonces.

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Buenos días, princesa.

Con un tono burlón, Beliel saludó a aquella nueva adquisición suya, sin siquiera saber si estaba o no consciente ya. En sus brazos y piernas, ataduras con cuerdas se aseguraban de mantenerlo en una posición inmóvil y manejable, encogido con todos los miembros unidos, y sus alas estaban incapacitadas por un cepo. Cubría su visión un saco que, atado a su cuello, ocultaba su cabeza. Aun así, buscó a tientas donde debía estar su rostro, tomándolo y zarandeándolo.

— Despierta.

Oscuridad. Eso era lo último que recordaba. No estaba seguro cuándo, dónde o cómo es que había ocurrido, y tampoco sabía exactamente qué estaba pasando ni imaginaba el cruel destino que le estaba esperando, simplemente abrió los ojos cuando su cabeza fue sacudida de esa manera, haciendo que por fin retomara conciencia. ¿Qué había pasado? ¿Dónde estaba?

Su primer reacción fue tratar de mover sus extremidades pero se veía imposibilitado a ello, entonces sus alas trataron de batirse con desesperación, pero fue inútil también. — ¿Dónde… estoy? — ¿Y qué estaba pasando? Gadreel, un ángel de la guarnición de los cielos, había sido secuestrado y permanecía preso en un lugar desconocido, aparentemente alejado de la mano de dios, pues, si su padre fuese testigo de lo que estaba ocurriendo, habría aplastado solo con un dedo al culpable de aquel atroz crimen.

Se rumoreaba entre los seres celestiales que debían tener cuidado, pues varios de ellos habían desaparecido y no se había vuelto a saber de ellos en las partes altas. En ese momento cómo deseaba haber hecho caso y mantener la guardia en alto. Era, sin embargo, un ser tenaz y bravo que no se dejaría intimidar por el monstruo que ahora le tenía preso. La gracia divina de dios estaba con él y no tenía absolutamente nada qué temer. Eso creía. Por ello, con un tono digno y firme, volvió a hablar, sacudiendo la cabeza.

Déjame ir ahora y tu castigo no será tan severo y doloroso. Mi padre es piadoso y estoy seguro que podrá perdonar tus pecados si te arrepientes de corazón. — Advirtió, como una pobre víctima que no se ha dado cuenta de su posición y que, él es quien estaba frente a la mira del arma que apuntaba, y no al revés.

[Nadie mencionó que era una cita.]

painapple-milkshake:

¡Pefdón, pefdón! —y por fin después cerró la boca y se tomó unos momentos para tragar—. ¡Listo, vámonos! —señaló en dirección a la atracción, caminando hacia allá aún con el brazo levantado, mientras el peliazul hacía sus esfuerzos de limpiarle la boca, ya que él ni se había preocupado.

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Los ojos le brillaron, de cerca parecía incluso más grande, y por la cara de la gente que salía, debía ser tremendamente aterradora, y eso le encantaba. La verdad es que no le daba miedo, ni eso ni las películas de terror, o las historias de fantasmas, ni nada de eso. No es que no creyera en ellas, sino que la idea de tener contacto con el “más allá” lo emocionaba; después de todo, si no estaba molestando a los espíritus, no tenían por qué ser hostiles con él, ¿no?

Pero una casa del terror estaba muy lejos de cualquier cosa real, y por eso no había de qué asustarse, pero era divertido ver cómo estaba hecho todo, y cómo se las arreglaban para sacarle un sobresalto.

¡Claro que sí, no puedes echarte atrás ahora! Si te asustas, me puedes tomar de la mano —ni siquiera le dio elección, en realidad, porque él mismo lo hizo para arrastrarlo hasta la entrada.

Repentinamente su mano fue tomada por la del más bajo y pese a sus esfuerzos para alejarse de esa terrible… cosa, el otro logró llevarle hasta la entrada a regañadientes. — ¡Nagisa-kun! ¡Espera un momento! No estoy completamente seguro de esto, hay que pensar en las consecuencias, revisar antes nuestro ritmo cardiaco y-… — Palabrerías inútiles, se notaba que estaba siendo vilmente ignorado por el rubio que le llevó a ese lugar de tortura.

Rei no era ningún tonto, distaba mucho de serlo y sabía bien que cualquier cosa que hubiera ahí dentro no era real, sin embargo la ambientación sumado a los sustos repentinos era lo que le crispaba los nervios y lo tenían así de aterrado. Evidentemente el más allá no existía, no había pruebas científicas de algo como seres sobrenaturales, fantasmas u otro mundo, pero igualmente el peliazul estaba casi temblando mientras avanzaban por el oscuro pasillo y, sin percatarse, ya estaba apretando un poco más fuerte la mano del otro, contando del 1 al 70 para medir su propio pulso. 

58, 59, 60, 61… — De nade las paredes del pasillo, unas manos negras se asomaron, jalándole de la manga de la camisa tanto a él como al rubio y eso fue el detonante para que su pulso pasara del 62 al 100 en un santiamén. Rei emitió un fuerte grito, estrujando la mano de Nagisa y  casi empujándole para que avanzara más rápido por el pasillo, queriendo así alejarse de las manos que tironeaban de sus ropas.

— ¡SESENTA Y DOS, SESENTA Y TRES, SESENTA Y CUATRO, SESENTA Y CINCO! — Comenzó a gritar en intervalos de apenas mili segundos. “Se fuerte Rei, puedes soportarlo, un poco más” Se repetía a sí mismo. 

We fucked up.

painapple-milkshake:

Temió por un momento haberlo molestado con su gesto, pero se relajó al no recibir de su parte ninguna reacción negativa. No quería, sobre todo, tomarse demasiadas confianzas y… asustar, por decirlo de alguna forma, a Ryu. Ya lo había hecho mal antes y no quería repetirlo, aunque en la ocasión anterior no hubiera sido ese el caso, sino el cómo había perdido la paciencia y los nervios y se había dejado arrastrar por la posesividad y las emociones negativas. En ese momento, sin embargo, estaba relajado, y más todavía notando que el ambiente… era distinto, no al de esa última vez que se habían visto, que también, por suerte, sino al habitual entre ambos, al de solo dos amigos que hablaban de chicas, y de las novias de uno, y esa clase de cosas.

No, claro que no —aunque las bromas de su amigo siempre fueran de ese tipo, y no le hicieran en realidad gracia, sí servían para sacarle una sonrisa, algo que parecía tan complicado, incluso en ese momento—. Tendré que seguir haciéndolo.

Aquella sonrisa desapareció un instante después, sin embargo, al escucharlo hablar. No porque las palabras que acababa de decir no lo hicieran enormemente feliz, sino porque, de nuevo, caía en la cuenta de su error… de creer que significaba para Ryu menos de lo que en realidad suponía. Y aquel beso. Tras unos momentos de asimilarlo, las comisuras de sus labios volvieron a estirarse casi sin querer.

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Gracias… por ser mi mejor amigo, Ryu —murmuró, después de estrecharlo en un casi sorprendentemente efusivo abrazo.

Las orejas demás bajo habían tomado un color ligeramente rojizo, pues estaba avergonzado por la situación en general. Nada había sido planeado, él no había ido a casa del otro para terminar besándose con él y ser ahora… ¿Amigos? ¿Novios? ¿Amigos con beneficios? Quién sabe qué demonios eran ahora.

Solo sabía que todo había tomado un giro inesperado y que bueno, por lo menos su relación estaba bien y podrían volver a pasar tiempo juntos, como antes, o incluso más apegados que antes, pues conociendo los sentimientos de Kou y habiendo identificado los suyos mismos, las cosas serían más sencillas de hoy en más. Ryu se apartó un poco y con los nudillos, le dio un suave coscorrón al otro, sonriendo de medio lado.

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Ya deja eso, no tienes que agradecer nada. — Amistad con amistad se paga, gratitud con gratitud se paga y amor, cuando hay suerte de por medio, con amor se paga. Lo único que el más bajo esperaba es que ya no hubiera más riñas entre ellos dos y que las cosas fluyeran de forma natural. Deberían dar juntos un nuevo paso, algo bastante importante porque dentro de poco, la graduación se llevaría a cabo y entonces ambos comenzarían a vivir juntos. Un nuevo capítulo en la vida de Ryu estaba por escribirse, y lo mejor, es que era junto a Kou.

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                                       E N D E D.

ourcrazyagus:

Ni ella misma pudo darse cuenta enseguida que el pelirrojo había terminado por desmayarse, con lo débil que estaba. Pero en cuanto sintió el peso del pelirrojo completamente sobre ella, supo lo que ocurrió y una gran desesperación la invadió.- ¿Wally? ¡Wally! -

Ya estaba comenzando a alterarse a medida que recostaba la cabeza del velocista en su regazo en un intento fallido por que recupere la consciencia, hasta que una cegadora luz seguido de un estruendoso ruido interrumpió la escena. Cuando subió la mirada, Jinx pudo ver como Cyborg guardaba una de las armas que venían en su brazo junto al resto de los titanes. Más atrás, se podía apreciar como los villanos que los habían encerrado allí inconscientes y atados. La pelirosada como pocas veces en su vida, sintió un gran alivio al verlos allí.

El resto pasó demasiado rápido, se quedó un junto a Starfire, Chico Bestia y Cyborg, que de los cinco ellos eran los que ya le tenían un poco de confianza. Pero lo más importante, fue llevar de inmediato a Wally al hospital. Y allí estaba ahora Jinx, luego de unas cuántas horas que pasaron desde el rescate y cuando el resto ya se habían marchado, se encontraba sentada en una silla junto a la cama de la habitación que le habíana asignado al superhéroe, quien estaba aún dormido y con un suero que daba a su brazo. El doctor les había dicho que estaría bien, pero la ex- villana prefirió quedarse para asegurarse por su cuenta que así fuera. Después de todo, le preocupaba la salud de su novio.

Ambos estaban vestidos de civiles, y hasta los mismos padres de Wally se habían marchado hacía un rato. Como otras veces, tanto el señor como la señora West habían sido muy amables con ella en cuanto se cruzaron. Su mano con suavidad sostenía la inmóvil ajena, en una ligera esperanza porque despertara con esa sonrisa amplia que tenía siempre y le correspondiera el agarre, aunque de tanto tiempo allí ya comenzaba a darle sueño. Pero no importaba, se quedaría haciéndole compañía, al menos hasta que los médicos tuvieran que echarla a las patadas del hospital (?)

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Habiendo sido la imagen de los titanes y el cabello rosado de su novia lo último que había visto, el velocista había podido perder la conciencia digamos, con tranquilidad pues estaba seguro que cuando abriera los ojos, todo iba a estar bien y principalmente, los otros habrían rescatado a Jinx. Quién sabe cuánto tiempo fue el que transcurrió hasta que por fin, luego de un rato, el pelirrojo logró despabilarse y regresar al mundo de los vivos, sintiendo un agradable calorcito en la mano y viendo nuevamente aquella mata de cabello rosado a su lado.

Sus ojos entrecerrados lograban ver apenas a la otra y bueno, era Wally, una pequeña broma para su lida novia no estaría de más. Restregando su mano contra la cama, logró hacer que la jeringa que estaba unida a su vena principal y conectada al suero y así mismo al electrocardiograma que monitoreaba su ritmo cardiaco se desconectara. Como consecuencia, una línea se marcó en el aparato haciendo el ensordecedor sonido de “beeeeeeeeeeeep” resonar en la habitación.

Esto, normalmente significaba que el corazón del paciente en cuestión se había detenido y por ende, que este había muerto. Oh vamos, la broma era muy cruel, así es que antes de que la chica pudiera voltear siquiera, Wally ya había adoptado una posición coqueta, acomodándose de lado en la cama y sonriendo de medio lado. — No creíste que te ibas a deshacer tan rápido de mi ¿Verdad, preciosa? Es decir ¡Imagínalo! Sin mí en el juego estoy seguro que muchos chicos se lanzarían hacia ti y no pienso permitir que alguien más me robe el puesto.

Bromas estúpidas, ego alzado y una sonrisa ancha que hacía abultar suavemente aquellas mejillas pecosas. Todo en orden, signo de que Wally ahora se encontraba de maravillas otra vez. — Oye, siento un poco de frío aquí abajo. — Por unos instantes soltó la mano de la chica y desde el cuello de su bata, revisó dentro. — ¡Oye! ¡¿Dónde están mis calzoncillos?!

L:- Light kun ¿crees que los shinigamis coman manzanas?

Ahh, por dentro el castaño sonrió, dándose cuenta que su mensaje aleatorio y sin ningún sentido útil para la investigación realmente, había llegado a L. Sin embargo era momento de poner en marcha nuevamente su actuación, por lo que con una mirada inocente el chico se encogió de hombros.

— Honestamente no lo sé. ¿Shinigamis? La verdad, con lo que hay escrito sobre ellos, no llegué a pensar que quizá ellos de hecho, comían. — siendo seres míticos, Dioses de la muerte, el comer no debería ser una necesidad para ellos ¿No? Aún así ahí estaba Ryuk, devorando con frecuencia manzanas rojas, amarillas y verdes, mostrando cuánto le gustaban dichas frutas.

[Did you miss me?]

Aburrido, aburrido, aburrido. ¡No había nada qué hacer en casa! Es decir, todo estaba sucio, los perros necesitaban un baño, su habitación era un desastre y había que ir a comprar más despensa, pero el qué hacer y otras obligaciones no estaban en su lista de “cosas geniales y divertidas” y aunque sabía que tarde o temprano Ludwig regresaría del trabajo y le regañaría por no haberse hecho cargo de sus responsabilidades, era mejor evadirlas hasta que estas le pisaran los talones ¿No es así?

Fue por ello que Gilbert terminó en casa de Elias. Había salido hace poco con sus dos mejores amigos, el español y el galo e incluso había visitado a la pequeña Liechtenstein, pero hacía tiempo ya que no visitaba a Elias y seguramente el húngaro ya estaba llorando y retorciéndose en el piso de su casa porque extrañaba su asombrosa y germana presencia ¡Sí, claro que sí! Eso era justo lo que estaba pasando.

Así es que haría un acto de caridad y aparecería sin avisar, como una sorpresa. Sigiloso como un ratón, el albino se coló dentro de la casa del otro abriendo una de las ventanas y caminando a hurtadillas. Quería sorprenderlo, quizá saltándole por detrás y tirándolo al suelo de una tacleada, o golpeando con sus rodillas la parte trasera de las piernas del otro para hacerle caer, sería una buena opción. Miró a su alrededor riendo por lo bajo  y cubriéndose luego con ambas manos la boca para no soltar una estrepitosa carcajada, tratando de adivinar la ubicación del otro. Seguro no se iba a esperar verle ahí tan de repente.

Conociendo a senpai {@xshutdowntown}

painapple-milkshake:

Escucuando aquellas palabras, una sonrisa muy amplia se dibujó en sus labios, pensando en el brillo del oro que tanto deseaba. Por difícil o molesto que fuera lo que pidiera, estaba dispuesto a hacerlo si conseguía una paga generosa por ello. Después de todo… ¿qué no podía hacer él? Hasta ese momento, nada, y ya tenía años. Sin embargo, aquellas cuestiones lo dejaron descolocado.

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¿Eres estúpido…? —no trató de ser insultante, era una pregunta sincera—. Soy Drust. Y esto se hace así —solo levantó la mano, y derribó al otro sin dificultad con sus poderes—. Si eres un dragón deberías hacerlo, es fácil. O eres estúpido de verdad. Pero no sé de qué guerra hablas. Yo solo mato por encargo.

Y era verdad, no tenía ni la más remota idea. Nunca le habían hablado de ella, ni lo había escuchado en ninguna parte. Y si lo había hecho, le interesaba tan poco que no habría prestado atención, o lo habría olvidado.

— Ahora quiero mi oro

Cuando Merrick nuevamente salió volando por los aires hasta estrellarse con a saber Dios qué cosa y golpeándose la espalda, eso definitivamente no había sido parte del trato. ¡No le había explicado absolutamente nada! Y esa clase de cosas no las había visto jamás en su padre. ¿Era acaso que ese dragón flacucho de mirada lunática era incluso más fuerte que su viejo?

Aquello le hizo estremecer por unos instantes, aunque también podía significar que su padre jamás mostró todo su poder frente a él y a la pequeña Eileen. Con algo de dificultad y el ceño arrugado, Merrick se puso de pie dando un paso firme al frente. Al menos ahora sabía que ese sujeto potencialmente peligroso no estaba del lado de nadie, era solo un mercenario pero ¿Qué acaso eso no lo hacía aún más peligroso que un enemigo con afiliación bien definida?

Debía hacer algo, algo para asegurarse de que ese sujeto no fuera en algún momento su contrincante, porque con solo 5 minutos de conocerlo ya lo había hecho volar dos veces y principalmente porque él quería aprender a hacer eso. Entre bufidos y con el orgullo herido, el dragón de ojos rojos se acercó al foráneo, viéndole a los ojos. — ¿Puedes enseñarme a hacer eso? Eres un mercenario, entonces haces cualquier cosa a cambio de oro ¿No es así? Se supone que así funciona esto. Bien… Pues te daré oro, mucho más oro del que tus manos pueden siquiera sostener. A cambio debes enseñarme a hacer lo que tú has hecho. — Solo restaba esperar respuesta y claro, aprender, si es que el otro accedía o si él como mestizo tenía la oportunidad de desarrollar tales habilidades. 

[Estás jodido.]

imnotasoldierx:

¿Por qué… tardaba tanto en hacer efecto? 

Su idea fue no pisar su habitación, de hecho, debió de haberse quedado dormido en el sofá en el primer momento en el que bebió aquello y estuvieron hablando. Tal vez le había dado una dosis menor a la que requería, y eso sin duda conseguía molestarlo. Silias era un hombre que no disfrutaba del sexo tanto como los otros, pero era capaz de llegar a ello si conseguía lo que quería. Si tenía que mantener relaciones con el pelirrojo, por tal de conseguir su meta, ¿por qué no? Era atractivo, ese era su consuelo. 

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Aquel beso, no obstante, se le hizo repentino. Y repugnante. No le gustaba el sabor de los besos, odiaba todo cuanto un ser humano podría ofrecer como muestra de cariño. Todo era tan vacío. Pero ahí estaba el albino, correspondiendo aquel roce con uno mucho más profundo. 
Su cabeza ligeramente inclinada hacia un lado, hacía que la postura fuese más cómoda, y por mientras, el músculo salía de su cavidad para lamer sus labios, profundizando el mismo en busca de un mayor contacto. 

Ah, eres muy dulce. —Mintió, deslizando la mano libre por su pecho, acariciando el mismo con cierta suavidad. Paró sus acciones en el mismo cuando llegó al final de la camisa, levanándola un poco para tocar más firmemente su piel.— ¿Seguro que quieres? ¿No estás cansado? —Se incorporó hasta quedar alzado, ahora tomaba su cintura para alzarlas, apegando su pelvis.— Tenemos hasta mañana para hacer todo cuanto quieras. —O más bien, todo cuanto él deseara, por el tiempo que Django fuese útil.

El beso pronto se intensificó y la lengua del otro se abría paso en su cavidad. El calor aumentaba poco a poco mientras sus labios chasqueaban y sus lenguas se enredaban. La forma en que el otro le tocaba hacía que su piel sintiera electricidad por todos lados, sentía que quemaba de una manera sumamente agradable y su pulso se aceleró cuando el otro le tomó de la cadera.

Ahh… Sí, claro. No te preocupes. — Quería seguir, claro que quería. Sin embargo si tantas ganas tenía de hacerlo ¿Por qué tenía tanto… tanto sueño? El calor que antes estaba quemando su cuerpo se disipaba, chocando con la somnolencia que trataba de apoderarse de su cuerpo pero ¿Qué clase de imagen daría si se quedaba dormido en medio del acto? Seguramente eso haría enfadar a Silias y no solo perdería la oportunidad de una noche con ese sujeto, también perdería sus oportunidades como músico, que aquí entre nos, era lo más importante para él.

Torpemente sus manos se movieron hasta los hombros del otro ayudándose de estos para incorporarse un poco y quedar casi sentado sobre el regazo del albino, y con los dedos flojos, intentó desabotonarle la camisa, pero era realmente difícil. Todo se estaba poniendo borroso y pese a que no había ruido, juraría estar escuchando ecos por todos lados. — Estoy bien, estoy bien…— Repitió, en voz alta, más como si quisiera hacérselo creer a sí mismo que al otro.

Intentó pues, acercarse a él para besarle una vez más pero sus labios apenas llegaron a la mejilla del albino cuando las luces para Django Reinhadrt, se apagaron. Había terminado por desmayarse contra el hombro del otro, perdiendo completamente la noción del tiempo y el conocimiento, todo debido a la droga que había bebido hacía unos instantes. 

[The sky above us]

xsummertimerecord:

xshutdowntown:

Ante las repentinas confesiones de Mikasa, Eren solo se limitó a observarle con aquel enorme par de orbes verdes que le caracterizaban y finalmente, sonrió observando a la chica.

En verdad, cada quién tenía cierta preferencia o cierta visión de cómo es que vislumbraban la libertad, de alguna manera, sin embargo todos los caminos les llevarían al mismo destino y ese destino, esa meta, era que los tres pudieran sentarse a disfrutar de las maravillas del vasto mundo que los rodeaba más allá de las murallas y más allá de los bosques.

¿Eh…? ¡¿Eh?! ¿¡Por qué no me lo dirás?! Vamos Mikasa, quiero saberlo, el secreto que me ocultas, lo quiero saber. — Insistió, sin embargo sabía que cuando quería, la pelinegra podía ser dura como roca y no soltar ni una palabra así es que prefirió no gastar saliva y solo suspirar ligeramente abrumado.

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Bueno, como no me vas a decir qué es… Cuando se cumpla, porque estoy seguro que se cumplirá, debes decírmelo. Me deberás decir “Eren, mi deseo fue concedido.” ¿Entendiste? — Y luego de darle un pequeño golpecito en la frente con los nudillos volvió a mirar al panorama, deleitándose con las hermosas estrellas que se desplegaban frente a sus ojos iluminando el cielo nocturno, disfrutando de esa paz relativa en la que por unos instantes al menos, podía imaginar que todo estaba bien.

Una y otra vez, Mikasa realizó gestos de negación con su cabeza. Si bien era sincera la mayor parte del tiempo, esta situación en particular deseaba que fuera sólo suya el tiempo que ella considerara necesario. Se rehusaba completamente a expresarlo en burdas palabras, mas lo hacía con acciones; aquellas que Eren rechazaba o aceptaba de mala gana. 

                         En verdad, él era un tonto.

Un gran tonto distraído que nunca se percataba de que la respuesta, que con tanta insistencia buscaba, se hallaba frente a sus ojos. Y aún cuando el más alto casi la obligaba a prometerle una ridiculez, aparte de dejarle una pequeña marca roja en la frente, la azabache sabía que jamás podría negarse totalmente a esa mirada rebosante de luz y vida. 

Asintió. Con su par de oscuros orbes clavados en el perfil del castaño. 

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Entendido. 

                                       ❝ Porque, Eren, yo también sé que lo cumpliré ❞ 

                                                   ❝ Ese deseo que tanto anhelo… ❞ 

    ❝ Aunque deba entregar cada gota carmín recorriendo mis venas. Aunque el sudor y       la tierra cubran por completo mi cara. Aunque regale en bandeja de plata mi                                                                            último aliento ❞ 

      ❝ Si con eso seré capaz de apreciar la radiante sonrisa que se forme en tus labios,                    mientras observas estas mismas estrellas recostado en la arena… ❞

                                        ❝ El incesante esfuerzo habrá valido la pena ❞  

Muy suave, empezando casi como un susurro que el viento prefería devorar, entonó la dulce melodía de una canción. Tarareaba para sí misma, pues ya ni siquiera recordaba la letra que inventara su madre años atrás y tampoco tenía la voz más gloriosa para el canto. Sin embargo, un cálido sentimiento la embargó. Uno comparado al que su corazón sentía tan solo observando los lejanos astros sobre su cabeza. 

Y su alma se oprimió, llena de dicha. 

Bien. — Satisfecho con la respuesta de la pelinegra, el castaño se concentró en el panorama, aspirando el aire fresco y dejando que este acariciara su rostro, hasta que la calma terminó por el sonido de los tarareos de Mikasa.

No le molestaba, muy por el contrario causaba en su pecho una sensación de opresión debido a la añoranza. Podía recordar a la pequeña Mikasa tarareando la misma tonada cuando ambos eran pequeños y Carla aún vivía. Pensar en su madre siempre le hacía sentir extraño. No era de sorprender que extrañara a aquella mujer siendo que la perdió cuando era pequeño y de una forma espantosa, cabe destacar.

Pero, Eren no estaba solo. Mikasa y Armin habían sufrido la misma suerte que él. Habían perdido a sus familiares y no había sido de forma agradable. Parecía que la mala suerte estaba siempre cerca de ellos igual que el ángel de la muerte. Sin embargo, y pese a su infortunio, estaban juntos. Por unos instantes Jaeger miró de reojo a la chica  y sonrió, dándose cuenta de lo afortunado que era en ese instante por no estar completamente solo y tener una familia como ellos.

La tonada de Mikasa era arrastrada por el viento suavemente, envolviendo a Eren en una sensación de relajación reconfortante y fue así como poco a poco, el muchacho movió su mano con discreción y sin mirar a la anglo nipona, colocó su mano sobre el dorso de la mano de la fémina, solo permaneciendo ahí, dejando que por unos instantes sus preocupaciones fueran así mismo arrastradas por la brisa, permitiéndose relajar ese ceño arrugado y dar gracias por la bella noche de la cual eran testigos.